La demencia de Diógenes Escalante


Corrían los días de agosto del año 1945. Una multitud de periodistas, medios de comunicación e integrantes de partidos políticos esperaban en el terminal y parte de la pista del aeropuerto Maiquetía. Los giros del Aeroplano proveniente de EE. UU avisaron a la multitud, la llegada de Diógenes Escalante, hombre que, pese a las adversidades, decide enfrentar la candidatura presidencial en medio de una estrecha transición política en la historia contemporánea de Venezuela. Para muchos ese día nace la Venezuela civil y democrática que, durante tantos años, habían soñado.

Se abre la puerta, sale del avión y al pie de la escalerilla, miles de personas le reciben, sonrientes y con la esperanza de un futuro mejor pintada en el rostro. «Era la primera vez en mi vida que probaba el licor de la aclamación de las masas y me embriagué de inmediato. Ante aquella multitud, los grandes temores que me acompañaron durante el vuelo se transformaron en la más grande euforia» (pág. 210)  

Un paisano como adversario

Diógenes Escalante Oriundo de Queniquea -Estado Táchira- nace el 24 de octubre de 1879. Hombre culto, diplomático, fundador del periódico El Nuevo Diario. Viaja a París, Francia, donde estudia Ciencias Políticas. Luego, se desempeñó como Ministro Plenipotenciario en Londres, Inglaterra, por un lapso de quince años. Posteriormente, fue enviado a Ginebra, Suiza, para defender los límites entre Venezuela y Colombia, el 26 de enero de 1934. Durante el gobierno del general Eleazar López Contreras es nombrado Ministro de Relaciones Interiores y más tarde secretario particular. En 1941, cuando llegó al poder el General Isaías Medina Angarita, Escalante realizó labores diplomáticas en varias embajadas, siendo designado cuatro años más tarde, embajador en Washington, acudiendo a la Conferencia Internacional de Seguridad de San Francisco como delegado por Venezuela, donde se estableció la Carta Magna de la Libertad como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. 

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De la grandeza a la demencia

 Una caravana de más de tres mil automóviles lo acompañan hasta Caracas, donde es dejado para hospedarse en el famoso, Hotel Ávila, construido por el empresario Nelson Rockefeller, y proyectado por el arquitecto estadounidense Wallace K. Harrison en 1941, ubicado en San Bernardino, al pie de la montaña, alejado del ajetreo del centro, y tan nuevo que todavía no estaba congestionado por huéspedes. Su oficina estaba en planta baja y tenía una puerta posterior, discreta, que le permitía entrar y salir sin ser visto por quienes le esperaban. La habitación, la suite presidencial en el último piso, era luminosa y contaba con una sala amplia, que utilizaba como oficina privada, y un balcón que miraba a la montaña. Un escenario que nada tenía que ver con el drama que nos tocó vivir.  (p-214)

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El 3 de septiembre de 1945 nada presagiaba, que la vida del doctor Diógenes Escalante sufriría un vuelco. «Recuerdo muy bien el amanecer de ese día nos deparó un cielo azul de septiembre; transparente por la lluvia torrencial de la noche anterior. Del Ávila descendía aquel aroma de montaña, fresco como el abrazo de una mujer moza, el aroma originario que dios le dio. El mismo aroma que respiraron los habitantes indígenas de Valle y los primeros españoles que llegaron aquí «(págs. 216-217).

El secretario privado de Escalante, Ramón José Velásquez, acudió al Hotel Ávila donde se hospedaba para hacerle llegar la convocatoria, pero se dio cuenta de que el aún embajador decía frases incoherentes y sin sentido. En medio de la agitación propia de las múltiples visitas, halagos y el arduo trabajo como candidato y futuro presidente, se hicieron notorios los síntomas de una grave enfermedad mental, que se manifestaron de manera crítica cuando fue citado para reunirse urgentemente en el Palacio de 

el Presidente, el gabinete de gobierno y la dirigencia del partido PDV. El retardo en la comparecencia de Escalante a la reunión, hizo que el Jefe de Edecanes del Presidente, Coronel Ulpiano Varela y el Ministro del Interior Arturo Uslar Pietri se comunicaran con Velásquez quien les informó lo ocurrido. 

Una Junta Médica conformada por los médicos Rafael González Rincones, Vicente Peña, Miguel Ruíz Rodríguez y Enrique Tejera, certificó que Diógenes Escalante había perdido la razón. Esta noticia, hecha pública, provocó la consternación del gobierno y buena parte del país y dio al traste con su candidatura. Este hecho, marcó el final de su carrera política y de toda labor intelectual hasta el final de sus días. En un ocasional momento de lucidez, al comunicársele que debía someterse a tratamiento, pidió a su esposa que avisara a sus partidarios que le perdonaran «por no responder al honor que me hacían al poner en mis manos el destino de Venezuela».

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El partido PDV, entonces convocó una nueva reunión para designar un nuevo candidato, que resultó ser el Ministro de Agricultura, Ángel Biaggini, pero esta candidatura no fue bien recibida por los opositores del Gobierno y, de hecho, no tenía suficiente aceptación en los distintos sectores de la sociedad. Se considera que este hecho y la repentina enfermedad de Escalante desencadenaron el golpe de estado del día 18 de octubre de 1945 contra Medina Angarita.

Pero Escalante no tendría noticias de ello. Salió de Caracas diez días después, en el más absoluto de los olvidos, a bordo de un avión enviado por su amigo personal, el presidente norteamericano Harry S. Truman quien había conocido a Escalante durante su labor como Embajador de Venezuela en Washington.

Falleció en Miami el 13 de noviembre de 1964 sin poder recuperar su salud mental.

Johan Rivas, estudiante de Historia de la Universidad de Los Andes. 

Fuentes consultadas
Electrónicas: 
Venezuela e Historia. Diógenes Escalante Ugarte. Versión electrónica consultada el 20 de mayo del 2016
en {http://venezuelaehistoria.blogspot.com/2015/11/diogenes-escalante-ugarte.html}
Ediciones 491: Ramón J. Velásquez y el drama de Diógenes Escalante. Versión electrónica consultada en:
{http://www.lasverdadesdemiguel.net/edicion-491-ramon-j-velasquez-y-el-drama-de-diogenes-escalante}  
Diógenes Escalante y sus camisas voladoras. Versión consultada en:
{http://tochadas.net.ve/diogenes-escalante-y-sus-camisas-voladoras.html}
Bibliográficas:
Suniaga Francisco: El pasajero de Truman. Ed Cyngular asesoría 357, c.a. 2014. Venezuela. Galaxia, 2014, págs. 305. 
Las páginas de las citas son del Pasajero de Truman. 

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