El amor perdido de Guzmán Blanco

 

Durante un tiempo, para la década de 1850. Guzmán Blanco tuvo mucha cercanía con la familia de los Monagas. El joven que venía de una vida complicada por ser el hijo de Antonio Leocadio Guzmán, logró una gran aceptación por aquella poderosa familia lo que con contrajo, con el tiempo, ciertas consecuencias.

Se dice que Luisa Teresa Giusseppi Monagas hija de Juan Giussepi y Clara Antonia Monagas Orach, nieta de José Tadeo Monagas, una trigueña de ojos oscuros, era la mujer más bella de toda Caracas. Esto no pasó por alto ante la vista del joven, quien  al poco tiempo quedó enamorado de «Luisita». Este amor será determinante en la vida del que luego sería la máxima figura de la nación.  Se presume que la relación Luisa Teresa fue algo muy fugaz, donde Antonio apenas tuvo la oportunidad de acercarse a la joven.

Según Ramón Díaz Sánchez contaba que según una anciana de la familia Monagas, contemporánea a Luisa Teresa, el Presidente prohibió a Guzmán Blanco volver a la casa de los Monagas, después de un ingrato cambio de palabras con Antonio Leocadio; al parecer el joven había pedido la mano de Luisita y esta le fue negada, razón por la cual fue enviado a New York y Philadelphia como cónsul, alejado con mucho tacto. Este relato es usado por Francisco Herrera Luque en su novela Los cuatro reyes de la baraja».

 En el año 1859, según Díaz Sánchez, estaba Guzmán fuera del país, cenando cuando recibió la noticia del matrimonio de Luisa con Sebastián Cipriani, lo que hizo que esté se dejara la comida y se desmayara. En el año 1867, Luisita murió, producto de una fiebre, en Caracas. El relato cuenta que Guzmán pasó un largo tiempo de luto y acompañó en su dolor a la familia Monagas.

Las hermanas de Guzmán Blanco, como señala Tomás Polanco Alcántara, dejaron otro indicio de la existencia de aquel romance. En correspondencia intercambiada con Antonio Guzmán, muestran su evidente antipatía por Clara Monagas de Giussepi, a quien llaman la «esclarecida». Sin embargo sobre este hecho quedan muchas dudas, porque de ser así, no se puede explicar que para la década siguiente Guzmán intercambiara cartas con Clara Monagas de forma cordial. El archivo que contiene estas cartas debería estar en la Fundación John Boulton. Otro hecho a destacar es que si José Tadeo hizo aquello que relata Herrera Luque, cómo se explica que Guzmán Blanco mantuviera un trato de respeto hacia él.

También se dice que el Ilustre Americano no quiso ser novio de otra mujer hasta la muerte de Luisita.

Pueden consultar sobre este hecho en la obra, Guzmán Blanco, tragedia
 en seis partes y un epílogo de Polanco Alcántara,
 revisar el archivo de Guzmán Blanco en la fundación John Boulton
 y en Elipse de una ambición de poder de Ramóz Díaz Sánchez.

G.J.Jiménez

 

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