El Silbón: del hombre a la leyenda

«Dicen que El Silbón nació en El Vijao,
y otros que en Guanarito se ha criao;
pero lo cierto es que entre Portuguesa y Barinas
El Silbón se ha quedao», Juan Pablo Rojas Hidalgo.

Cuando cae el mes de mayo en Portuguesa, sus habitantes saben que es momento de recogerse en sus casas, ya que mayo es el mes de los espantos. Los muertos caminan por las noches, bajo las lluvias y la oscuridad, buscando a aquellos que, obviando las advertencias de sus abuelos, se aventuran en busca de placer y fortuna. 

¿Quién era «El Silbón»?

Joaquín Flores nació en El Vijao, en el estado Barinas, hijo de Carolina Flores y de Rosendo Silva. No sé sabe con exactitud cuando nació, pero se presume que fue en el siglo XIX, aunque algunas investigaciones dicen que pudo ser mucho antes. Tenía un hermano llamado Juan Flores y un perro llamado «Tudesco» neologismo de «thiudiska», nombre que recuerda la presencia de los alemanes, primeros en gobernar en territorio venezolano, ya que así denomiban los indígenas al alemán Nikolaus Federmann; quien fuera Teniente de Gobernador de Coro y brevemente Capitán General de la Provincia de Venezuela. 

La leyenda

El «canilludo», era como apodaban a Joaquín por su estatura. Era un joven de esos a los que se les dice «malcriado» por su comportamiento caprichoso y dado a reacciones iracundas, posiblemente producto de no haber sido reconocido por el padre y ser consentido por la madre. Un día de mayo, junto a su perro Tudesco, salió con su progenitor a cazar, quien buscaba asumir su rol paterno y corregir a su hijo quien había obtenido el vicio de la bebida. Joaquín estaba deseoso por conseguir un venado, pero el «canilludo» era muy poco hábil para la caza y pasaba más tiempo silbando que cazando.

Debido a su poca destreza, pidió a su padre que le cazara un venado pero este se negó, para obligarlo a conseguir su propia presa y que parara de silbar. 

Resentido, Joaquín desistió de la caza y de regreso, una garúa cayó sobre ellos. A lo lejos una tormenta daba un espectáculo en el cielo, lo que hizo que apuraran el paso. Por el camino, ambos se encontraron un tronco que les impedía avanzar.

—Enderéceme ese palo— dijo Joaquín escondiendo una sonrisa burlesca—.

—¿Cómo lo voy a enderezar, canilludo, no ves que creció torcido?— respondió el señor Rosendo, molesto—. 

—Eso mismo pasó conmigo, me dejaste crecer torcido y ahora pretendes enderezarme.

Joaquín agarró a su padre por sorpresa y lo derribó de un golpe, para luego matarlo en el suelo. Agonizándo, su padre lo maldijo a vargar por la eternidad, cargando sus huesos en su espalda como eterno tormento sin poder parar de silbar. Sin embargo, no le bastó con aquel horrendo acto, sino que además le sacó la asadura y se la llevó a su madre para que la salcochara. 

Algunos cuentan que al regresar a casa también mató a su madre y que su hermano Juan trató de detenerlo pero apenas y logró sobrevivir. 

¿Viene «El Silbón»?

Se dice que cuando su silbido se escucha cerca es porque está lejos y cuando se escucha lejos es porque está cerca. Los relámpagos y la lluvia, anteceden su llegada en las noches de mayo. Va acompañado de su perro Tudesco, quien fielmente le sigue eternamente. 

Cuando una familia escucha, durante la noche, a alguien dejar caer un saco, es posible que el silbón esté contando los huesos de su padre. Si se le escucha contar, no ocurre nada, pero si nadie lo escucha, al amanecer un miembro de la familia de la casa morirá. 

 

Adaptación: G.J.Jiménez

Notas
Esta historia corresponde a una adaptación de la leyenda de «El Silbón», basada en lo que se cuenta sobre él
en el Llano venezolano. Aquello que dio vida a la leyenda, posiblemente haya quedado olvidado en el tiempo. 
Otra historia, cuenta que fue el abuelo quien lo maldijo y que asesinó a su padre porque este insultó y mató
 a su esposa por ser una mujer de mala vida. 

 

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