El Patíbulo de Tinaquillo

«Asumí entonces, asumo hoy y asumiré siempre la total responsabilidad histórica del patíbulo de Tinaquillo… Ese muerto es mío». Guzmán Blanco.

La muerte de Matías Salazar fue un hecho que marca la vida del Ilustre Americano, como pocos. Por un lado, muestra una costumbre habitual en Venezuela de no seguir la constitución de la República, por otro, el temple de quien es verdugo y no niega su culpa, sino que acepta vivir con su conciencia, sacrificio menor ante el fin que buscaba entonces. 

Un enemigo en sus filas

Guzmán sabía que al vencer al gobierno azul, tendría a su alrededor a sus más cercanos colaboradores y enemigos. Algo que temía y lo atormentaba, tener que luchar con sus amigos. Entre ellos, Salazar era el que menos esperaba ver en su contra. Se trataba de un hombre al que respetaba y que rara vez criticaba. Más eran sus elogios, escritos en cartas dirigidas a su esposa, Ana Teresa.  Se trataba de un hombre salido del régimen de abril, Presidente del estado Carabobo, Segundo Designado y segundo Jefe del Ejército; fue parte fundamental en el triunfo del 27 de abril de 1870.

Para el mes de marzo, todo cambió. Salazar empezó a hacer honores y medallas a sus hombres, sin estar facultado, y a tomar una línea táctica diferente. Incluso, realizó críticas respecto a las decisiones del gobierno respecto al Arzobispo Guevara. Todo estó desembocó en una sublevación en mayo, que se fue de frente a Guzmán.

¿Cuáles fueron los motivos?

Existen varias teorías, una se refiere a un distanciamiento personal y la otra, a la influencia de adversarios de Guzmán que buscaban su ruptura, donde figuraba Felipe Larrazabal. Los hechos que pudieron facilitar ese rompimiento fueron varios. 

En primera instancia tenemos la distancia social que existía entre Salazar y Guzmán. No es nuevo que la envidia o la comparación, suele generar conflictos. Todos los que rodeaban a Guzmán tenían un tipo de vida más holgada que los que estaban cerca de Salazar. Aparte, Ana Teresa, en la celebración del aniversario de abril, se negó a bailar con él, lo que pudo afianzar su posible resentimiento.

El perdón de Guzmán

«El error de una noche no podía borrar en la conciencia del Jefe de la Revolución tantos días de gloria»

La rebelión de Salazar se vio disminuida apenas se dio. Guzmán, aún ante aquel acto de desobediencia, lo perdonó pero lo destituyó de la dirección del ejército. Quiso seguir en el cargo de Presidente de Carabobo, pero los liberales de Guzmán se negaron, por lo que simularon un destierro mientras pasaba el momento. Guzmán enviaría a Salazar y a Larrabal a Estados Unidos a los Estados Unidos desde Puerto Cabello, al primero con 20.000 pesos y al segundo con 10.000.

Antonio Guzmán hizo todo por evitar que la prensa difundiera el hecho y se generara ruido de lo ocurrido. Sin embargo, Salazar demostró no querer dar brazo a torcer.

El engaño

Salazar llegó a las Antillas y desde ahí lanzó una proclama a los venezolanos, donde juró no dar descanso a su espada hasta que la Nación venezolana entrera en el camino de la ley. Se dice que Salazar entró en contacto con Manuel Herrera, el líder de los conservadores. Larrazabal se unió a aquella aventura, junto con Salazar y Herrera. Todo aquello pone a Guzmán de nuevo en la carrera, hasta que, es derrotado en Tinaquillo, Matías Salazar.

El patíbulo

«Instantáneamente y como por encanto, cesó la guerra… si no se hubiese hecho un escarmiento del tamaño del atentado, hubiéramos seguido expuestos a que todo vagabundo de valor, pudiera comprometer la paz del país». Guzmán Blanco.

Es importante saber que para estos días, ya había sido decretado la abolición de la pena de muerte. Salazar era un hombre muy peligroso, y generó el debate sobre que decisión tomar con él. 

Se llamó a un gran tribunal conformado por Pulido, León Colina, Julián Castro, entre otros. Salazar se excusó diciendo que había sido influenciado por Larrazabal y aceptó haber delinquido en contra del gobierno y al general Guzman Blanco «a quien tanto le debo».

«El patíbulo de Salazar fue un verdadero cauterio»

Por unanimidad de votos, todos los generales firmaron, la decisión fue la pena de muerte. El 17 de mayo, Julian Castro dirigió la parada del Ejército y fue fusilado Matías Salazar.

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