Alejo Fortique y el Esequibo Venezolano

 “No soy yo Shomburgk ni me juego con Venezuela y digo a V.E. que el Orinoco se pierde al otro día de haber entrado lord Palmerston en el Ministerio”

Entre los personajes de nuestra historia que han tenido una labor en la diplomacia de la República, podría mirarse a Fortique como uno de los primeros en ejercer una de gran importancia, como lo fue, buscar un acuerdo favorable con respecto al Esequibo venezolano en disputa con Gran Bretaña. Sin embargo esta fue tan solo una de sus múltiples tareas, que realizó con un dinamismo,  posiblemente, sin comparación en toda nuestra historia.

¿Quién fue Alejo Fortique?
Nace en la ciudad de Valencia, en el 17 de julio del año 1797. Se gradúa de Bachiller en Artes y Bachiller en la Sagrada Teología en 1817. El 28 de marzo de 1822 obtiene su licenciatura y el 18 de abril de 1824 un doctorado en Derecho Civil. Trabajó en el Bufete del Dr. Tomás José Hernández Sanabria, como síndico del Ilustre Consejo Municipal de Caracas, donde manifestó, al trabajar como redactor de la Ley dictada por Santander, el 17 de marzo de 1825, que esta tenía una «franca contradicción con la ley de la República».

Fue diputado al constituyente de la Provincia de Caracas ante el Congreso constituyente de Valencia; estudió las instituciones de Francia e Inglaterra, durante el año 1832, mientras viajaba por Europa. A su regreso es nombrado representante del Congreso Nacional, y posteriormente, Juez de primera instancia en el primer circuito de la Provincia de Caracas, para luego llegar a ser Ministro de la Corte Suprema de Justicia.

Para el año 39, con el segundo mandato de Páez, es asignado como representante diplomático en Gran Bretaña, mediante la resolución del 18 de julio de 1839. Ya para el año 40 ejerce como Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Gran Bretaña. Bajo su responsabilidad está la conversión de la deuda con los tenedores ingleses, fijar un tratado de comercio y navegación, la admisión del café y el azúcar en puertos ingleses, mientras busca un tratado con Prusia.

Mas la tarea que lo marcaría con mayor fuerza en nuestra historia es la que inicia, cuando Gran Bretaña envía a Robert Schomburgk para definir los límites con Venezuela en América, dando comienzo a la carrera por el Esequibo.

El litigio
 En agosto de 1841, los tripulantes del buque venezolano «Restaurador», divisan en Punta Playa, cerca de las Bocas del Caño Amacuro y Punta Barima, la bandera inglesa, ondeando sobre una garita con símbolos reales. Esto genera rechazo entre los venezolanos acusando al Gobierno de negligencia, a través del periódico El venezolano donde dice: «el Gobierno traiciona a la Patria y la entrega a los ingleses».  

Inglaterra se adelanta a la República y levanta planos de Guayana. Es Schomburgk quien explora y realiza el mapa de la Guayana Británica al explorar el territorio sin autorización de la República de Venezuela, cuyo espacio comprendía el de la antigua Capitanía General de Venezuela. Hará un primer mapa el cual será ocultado por presentar al Río Esequibo como la línea divisoria de ambos territorios y un segundo mapa que dejaba a Venezuela alejada de su derecho territorial. En respuesta al nombramiento de Schomburgk, La República propone a través de O’Leary, un tratado de límites entre Venezuela y la Guayana Británica.

El 6 de septiembre de 1841, es nombrado José María Baralt, Secretario de la Legación en Londres. Empero, Baralt se dirige a España en busca de los archivos para probar los derechos de Venezuela sobre el Esequibo. En este punto, es necesario tomar en cuenta que todos los procesos, en aquella época, eran mucho más lentos y un traslado no sólo podía tomar días, también era sumamente agotador; la comunicación tarda mucho más tiempo en llegar, a veces, incluso, más tarde de lo requerido.

«Secreto y calma» son las palabras que emite Fortique al ser encargado de trabajar en el tratado de límites entre Venezuela y Guayana. El Orinoco, nuestro río padre, es para él un elemento innegociable sobre cualquier circunstancia, este es imagen y reflejo de todos los ciudadanos venezolanos, río de múltiples fuentes como nuestra sangre criolla, proveniente del nativo, el negro y el hispano.

Fortique había tenido contacto con el representante inglés, lord Aberdeen, con quien había conseguido avanzar respecto al comercio del café y la azúcar. Se dirige a él y pide que sean retirado los postes colocados por Gran Bretaña, pero Aberdeen alega que son parte preliminar para la negociación.

Las conversaciones con él se ven llenas de contradicciones. Fortique argumenta que a partir de los postes ha aumentado el contrabando, entre otros problemas. Lord Aberdeen responde: «convengo y digo con franqueza que han puesto pedazos de madera en bruto ¿por qué no los hacen quitar ustedes? Pero no veo nada malo en el pabellón y los monogramas ¿Qué puede significar eso?». Esa afirmación hace Fortique replique, con toda razón, «¿Cómo, My Lord, el nombre  Su Majestad y el pabellón británico no significan nada?». Y así va, Aberdeen, haciendo tiempo, diciendo incluso que «Ese es un pedazo de tierra que no vale nada, tenemos muchas». Pero al final, el Ministro Fortique logra que sean retirados los postes.

Un punto de importancia de la investigación a favor de Venezuela son los archivos del siglo XVIII. Una carta escrita por el Secretario de la Compañía de Indias Occidentales, del 8 de junio de 1794, prueba que los holandeses fueron devueltos al otro lado del río Moroco por ser territorio español. Fortique viaja a Munich y sigue la investigación hasta cuanto puede; pronto debe volver a la Legación de Londres. Todo parece ir bien y en camino a una solución, pero lord Palmerston, con su banca, no tarda en reclamar que el Gobierno cedía en todos lados, con respecto a los territorios y busca generar presión al respecto.

¿Arbitraje?
Aberdeen contempla la posibilidad de un árbitro imparcial que ayude a llegar a un acuerdo. Venezuela no quiere ceder el Orinoco y Gran Bretaña el Cuyuní. Fortique no se siente convencido del arbitraje; tampoco está a favor de reconocer la línea Schomburgk. Su salud se reciente por la labor incansable que lleva. Baralt también trabaja sin descanso dando con todo el material posible para defender los derechos de Venezuela sobre el territorio.

En 1843, la República desea que Fortique de término y eliminar así su cargo. Este envía todo lo avanzado a Baralt con una carta. Los que se oponen al Gobierno, en Venezuela, acusan de negligencia a Fortique. Para 1844, Fortique arroja su carta donde expresa que «El Esequibo, es el río formado como el intento por la naturaleza» para delimitar las fronteras entre la Guayana Británica y la República de Venezuela.

Muerte
Carta tras carta Aberdeen y Fortique buscan un acuerdo favorable para ambos, mientras en Venezuela la presión aumenta y el Ministro, al ver la posibilidad de que Lod Palmerston, cuyos intereses iban en contra de los venezolanos, entre al Ministerio, busca cerrar pronto un acuerdo. Escribe a Soublette que teme que se pierda todo, «Soga y cabra», explica que el peor enemigo de lo bueno es lo mejor y que se corre el riesgo de perder más si no se procede prontamente. De regreso a Londres, luego de firmar el tratado de reconocimiento con España, el 28 de octubre de 1845, muere uno de los diplomáticos más importantes de nuestra historia, el Ministro Fortique.

Su desaparición nos deja una lección histórica plasmada en sus palabras:

«Hay un momento en las negociaciones que si se escapa no vuelve a presentarse».

 G.J.Jiménez

Fuentes:
Controversia de límites de Guayana - Enrique Bernardo Núñez
Los papeles de Alejo Fortique – Armando Rojas

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