La infancia del Libertador

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El Libertador, Simón Bolívar, es reconocido por sus grandes hazañas en la emancipación americana. Algunos lo rechazan y acusan, hasta de genocida, por su declaración de Guerra a Muerte; otros comprenden que era un hombre de su época y que actuó de acuerdo al contexto social al que pertenecía en el momento en que lo vivía. La guerra nunca cambia, siempre tiene vencedores y consecuencias de dichas victorias. Así como ocurre en el cine, en que vemos la historia a través de los ojos del protagonista,  es inevitable que el mundo siga bajo la perspectiva del vencedor. Con detractores y apasionados seguidores, será el Libertador el hombre americano más importante de su tiempo, su obra está vigente en la América hispana, su presencia en casi todo el planeta.

¡A la familia Bolívar le ha nacido un niño!

Fuertes lluvias caían en la ciudad de Caracas cuando el mensajero gritó “¡A la familia Bolívar le ha nacido un niño! ” aquel 24 de julio de 1783, día en que da a luz doña Concepción Palacios y Blanco unida en nupcias con Juan Vicente Bolívar y Ponte. Sus hermanos fueron  María Antonia, Juana y Juan Vicente y María Del Carmen quien falleció al nacer. Los hijos de aquel matrimonio heredaban la unión de importantes apellidos de la época. Los Bolívar eran dueños de fincas agropecuarias en Aragua y el Tuy, siendo poseedores de gran fortuna y posición social; era el Valle de Aragua la zona más fértil de la Capitanía. Es importante destacar que para 1976 se podía calcular que el valor heredado por el Liberador fue un equivalente de 8 millones dólares, entre los bienes de padre y madre.

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El Pequeño Simón

El 30 de junio fue batuizado, siendo el padrino su abuelo materno, don Feliciano Palacios y Sojo. La partida de bautismo dicta lo siguiente

En la ciudad Mariana de Caracas, en 30 de junio de 1783 años, el Doctor Juan Félix Jerez y Aristiguieta, prebístero, con licencia que yo el infrascripto Teniente cura de esta Santa Yglesia Catedral le concedí, bautizó, puso óleo y crisma y dio bendiciones a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, párvulo, que nació el veinte y cuatro del corriente, hijo legítimo de don Juan Vicente de Bolívar y doña María de la Concepción Palacios y Sojo, naturales y vecino de esta ciudad. Fue su padrino Don Feliciano Palacios y Sojo, a quien se advirtió el parentesco espiritual y obligación; y para que conste lo firmo. Fecha ut supra. 

Bachiller Manuel Antonio Faxardo

Doña Concepción Palacios no pudo amamantar al recién nacido por problemas de salud, Simón, así que doña Inés Mancebo de Miyares, esposa del Capitán General don Fernando Miyares y Pérez Bernal, lo hizo en su lugar. Al poco tiempo doña Inés no pudo seguir haciéndolo, así que la esclava Hipólita y posteriormente la negra Matea, fueron quienes se dieron a esa tarea.

La salud de sus padres no fue la mejor y para 1786, a tres años de nacido, muere don Juan Bolívar  y el 6 de julio de 1792 muere doña Concepción, siendo las primeras pérdidas que tuvo que sorportar el pequeño Simón; a los nueve años era huérfano. El cuidado del niño quedo bajo la mano de su abuelo don Feliciano, pero este murió al año siguiente, sumándose a las tragedias del joven. La tutela del joven queda con sus tíos Esteban Palacios Blanco y Carlos Palacios Blanco. Don Esteban se encontraba en Madrid a la muerte de don Feliciano, realizando los trámites para conseguir el marquesado para Juan Vicente (hijo), por lo que la tutela recayó en don Carlos.

Simoncito fue inscrito en la Escuela Pública de Caracas, y fue dirigido por don Guillermo Pelgrón y asistido por el joven Simón Rodríguez, de apenas contaba con veinte años y que había sido amanuense del abuelo de Simón, don Feliciano Palacios.  La escuela estaba en ruinas, no tenía las condiciones para la enseñanza, aunque Rodríguez estaba intentando mejorar esa situación.

Un día, el peque Simón descubrió que don Carlos pensaba enviarlo a vivir con Simón Rodríguez. Esa noticia hizo que el joven se escapara de casa y terminara junto a su hermana, María Antonia, quien estaba casada con Pablo Clemente. Este suceso generó un enfrentamiento en la Real Audiencia, donde María Antonia alegaba que Simón se la pasaba ” …solo por las calles y paseos, a pie y a caballo, en junta con muchachos que no eran de su clase”. Se dice que a la temprana edad de 8 años ya era un estupendo jinete y solía juntarse con los esclavos y mestizos a jugar, razones que al parecer eran las que preocupaban a su hermana.

La Real Audiencia obliga a Simón a vivir con Rodríguez, pero este se volvió a escapar y se ampara en el obispo; sin embargo, vuelven a intervenir y el niño termina aceptando ir a la escuela no sin antes decir que “si a los esclavos se les permite cambiar de dueño cuando eran objeto de malos tratos, ¿Por qué no se le permite a él vivir con la gente que más le agradaba?”.

Al ir creciendo, es inscrito en la Academia de Matemáticas dirigida por el padre Andujar. Ahí ve clases con el joven Andrés Bello, apenas dos años mayor que él, de historia y geografía. Gran parte de su formación, tomando en cuenta su casta, fue realizada en su casa.

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La importancia de su infancia

Los primeros pasos de cada hombre suelen definir la forma en que abordaremos nuestra vida futura. En este tiempo se crean nuestros patrones de comportamiento y la forma en la que vemos el mundo. El Libertador se crió como la mayoría de los niños mantuanos de la época. La muerte de sus padres a corta edad, la cercanía a sus ayas Hipólita y Matea, el afecto por su hermana, todos estos elementos, en general se verán reflejados en su futuro. Andrés Bello y Simón Rodríguez, a quienes conoció de niño, tendrán protagonismo en su vida, así como su corta formación militar, reflejada en las hojas de servicio  y su gran habilidad como jinete, serán de vital importancia para el Libertador de la América hispana.

G.J.Jiménez

Fuente
Vida, obra y pensamiento del Libertador. Polanco Alcántara.

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