Guaicamacuare y Francisco Fajardo

 

Para muchos la  fuerza y la destreza son las cualidades más destacadas entre los hombres primordiales del sur de nuestro continente. Sin embargo, algunos caciques tenían habilidades especiales que causaron adoración entre los nativos. Hoy en día, la inteligencia, el conocimiento y la sabiduría son elementos esenciales para el desarrollo en nuestras sociedades, pasando las capacidades físicas a una posición menos determinante. El cacique Guaicamacuare no era el típico cacique que ejercía respeto por su capacidad de combate, él tenía algo más que podía hacer que los mismos españoles tuvieran que recurrir a él.

Sanar o morir

No era extraño escuchar el nombre de Guaicamacuare, ya fuese en los márgenes del ríos Apure o en la región de Barlovento. Varias tribus le profesaban respeto. No era un gran guerrero, su habilidad para el combate no era envidiable; excesivamente prudente e indeciso con respecto a enfrentarse a los españoles. La fuerza, como se verá con Guaicamacuare, no era el único elemento a venerar por los nativos, este idolatrado cacique tenía poderes sobrenaturales, era uno de los sanadores o piache, de los nativos. Se dice que gracias a él se debía una ley en la cual, el piache debía pagar con su propia vida la muerte de un paciente. Era capaz de mirar y penetrar en las almas de los nativos y ver lo que otros no podían.

La cueva de Guaicamacuare

Vivía en una cueva donde realizaba sus misteriosos actos y era uno de los lugares más visitados por los aborígenes. En ella se quemaba la grasa del cacao y la cera del incillo. Recibía ovillos de algodón, tejidos de fibra y otros múltiples presentes. Doce figuras de barro adornaban aquel lugar  Realizaba ayunos que duraban días, pero se mantenía fuerte y firme para la marcha, rechazaba los sacrificios y despreciaba lo que hacían los caquetíos de Barlovento, quienes sacrificaban, incluso a sus madres y esposas para que se unieran al sol y viniera la lluvia.

Guaicamacuare y Fajardo

Fajardo, el mestizo, quien buscaba el oro con gran insistencia, dio con Guaicamacuare. Con él, salió en la búsqueda del valioso recurso, contando que el don del aborigen lo guiara rápidamente a su meta. Muchos días pasaron y nada que daban con el oro, la reputación del cacique se venía a pique, hasta que, de forma profética, Guaicamacuare le indicó a Fajardo “hacia allá debes encontrarlo”. Francisco Fajardo hizo caso del anuncio de Guaicamacuare y en el lugar donde este le señaló encontró el oro.

 Manuel de Braganza

Fuente
Caciques aborígenes de Venezuela - Antonio Reyes