Chanchamire, el espíritu de Tacarigua.

 

 

Es común, en las leyendas de nuestro pueblo, la relación que hay entre sus espíritus y las aguas. Para nuestros antepasados el agua, sus ríos y lagunas, eran de mucho valor. Debemos tomar en cuenta que en Venezuela solo existen dos estaciones, la de lluvia y la de sequía, por lo que era común que los desastres o problemas que tuvieran los nativos con su tierra eran las fuertes sequías y el desbordamiento de los ríos. Amalivaca, para los tamanacos, era una de las máximas representaciones en su panteón; los momoys en Trujillo, quienes morán cerca de lagunas y, en este caso, Chanchamire, el encanto de la Laguna de Tacarigua, posiblemente, herencia de los Tomuzas.

Chanchamire 
Existe una discusión entre si es un hombre o una mujer, pero la leyenda más conocida nos habla de un encanto, un espíritu que yace en el lago y que es dueño de todo lo que existe. El dueño de los peces, de las aguas y de los hombres, nos cuenta Pedro Lhaya que:

“Chanchamire vaga constantemente por las profundidades. Muda de habitación de un día para otro, de una hora para otra, siempre pastoreando y contando sus peces.”

Alto y barbudo, aquel poderoso y sapiente hombre, “se encoje cuando bajan las aguas” o a voluntad, sabe el número exacto que hay de todas las ciaturas, tanto las que nacen como las mueren como alimento del hombre. En el periodo de lluvia, Chancamire se lleva a las crituras a las profundidades ignotas de la laguna, todo hombre que desee conseguir alimento, ya se el lebranche o la lisa, deberá invocar al encanto. Deberá arrojarle tabaco y aguardiente, para que él pueda mascar y beber. También se cuenta que cuando el lebranche desborda, este lo empuja al mar para que el hombre caiga sobre él.

Chanchamire, a pesar de ser un espíritu benévolo, es también celoso, no le gusta el forastero ni los escépticos; todo aquel que se atreve a ignorarlo tendrá negada la pesca, el pescador nocturno e incrédulo será extraviado y no conseguirá como regresar.

Otros pescadores dicen que es una hermosa indígena,  vestida con túnica blanca, de hermosa cabellera que hace brillar todo a su alrededor.  Ella los acompaña con su un manto invisible de estrellas reflejadas en el agua, para luego desaparecer con el alba.

Pero como muchos encantos, cada vez se sabe menos de Chanchamire, puede que por la maldad de los pobladores haya decidido viajar al mar como lo hacen los lebranches, o puede que siga ahí, cuidando de la Laguna.

Manuel de Braganza

 

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